30 junio 2010

Tiempo

Nunca me he parado a pensar en el tiempo. El tiempo es mágico, gracias a él, ha habido grandes logros, pero también grandes desgracias. El tiempo no es bueno ni es malo, solo un intermedio sin influencias. Es poderoso, no se puede controlar. Es oro, plata y bronce. Te puede hacer ganar una carrera de cien metros, o que no puedas acabar un examen. Él decide cuando se detiene para ti, y cuando va más deprisa. Es desmesurado. En los buenos momentos, corto, en los malos, demasiado largo. Te conoce muy bien, sabe todo lo que pasa por tu cabeza, sin ser lector de mentes. Conoce y admira lo que siente tu corazón, le agrada y lo envidia, sin embargo, nunca te lo arrebata. El tiempo te puede dar un instante para pensar, antes de cometer cualquier estupidez, o te puede arremeter contra lo inevitable, con tal fuerza, que puede llegar a dañarte. Pero puede ayudarte a restañar la herida, o eso dicen de él. Es calculador, demasiado añadiría. Nunca duda, siempre sabe lo que hay que hacer, y aunque pueda parecernos vil y cruel, siempre pone a cada uno en su lugar. Es otra de sus virtudes, la paciencia y la justicia, el orden y el desorden impoluto. Es viejo, pero eterno, sabio e inteligente y sabe lo que hacer siempre sin dejar un cabo suelto. Es tantas cosas… y está a nuestro alcance, mi persona, por ejemplo, no lo va a desaprovechar.

20 junio 2010

Dulces declaraciones



PASEO MARÍTIMO DE NEWPORT BEACH, O.C. 5 DE ENERO DE 2006


-Vamos, escapémonos de aquí.- dijo él, agarrándola del brazo y tirando de ella hacia una calle lateral, sin que los otros se dieran cuenta.

Ella se dejó llevar, pues no quería estar con Dani.
Matt la llevaba hacia el paseo marítimo, que se veía precioso, con la puesta de sol frente a ellos y las olas del mar salpicando en la arena. Era un paisaje de película, pensó ella.
-Gracias.- le dijo Jen algo mas tranquila. Estar con Matt era como estar flotando en una nube, sin tener que preocuparte por si te caes. Con él podía ser natural, y no tener que fingir.
-No es nada.- contestó él, parándose en seco, y sentándose en la arena.
Jen lo imitó y se sentó a su lado.
Pasaron unos minutos en silencio, sin mirarse ni moverse. Al final, fue Matt el que habló.
-Escucha Jen, ahora, estando aquí con tigo, siento que puedo ser yo mismo, y no el chico que todos quieren que sea.- la chica quedó asombrada. Ella sentía lo mismo. ¿Pura coincidencia? La verdad era que Jen no creía en las coincidencias.
-Si, la verdad es que a mi también me pasa lo mismo, somos buenos amigos.- musitó ella, arrepintiéndose al momento de haber pronunciado esas palabras, al ver la expresión de Matt. Parecía herido, como si no le hubiera sentado nada bien lo que le había dicho. Y en ese momento, sin saber como, se encontró con los labios pegados a los de él. Él la estaba besando. Y no era un sueño. Era el beso más dulce del mundo. Cuando sus labios se separaron, ella sintió como si le cortaran una parte de su cuerpo, una parte sin la cual no podía vivir.
-Matt, no debemos…-empezó a decir ella, pero cada palabra le sabía a mentira.
-Te quiero Jen, y estoy cansado de ocultarlo.
-Ya, eso es lo que les dices a todas.- replicó Jen, disgustada.
Eso le hirió aún más al muchacho. –Dices que todas son especiales, que estas muy pillado, y después, vienes a decirme que has cortado con ellas, que te has cansado, y no quiero hacerme ilusiones, para que después me hieras más.
El chico estaba atormentado, porque por un lado sabía que ella tenía razón, él era muy mujeriego, pero sin embargo, no sabía como explicarle lo diferente que era con ella.
-Jen, ¿te acuerdas cuando te dije que ninguna de las chicas con las que he estado eran la mujer de mi vida?- ella asintió.- Pues decía la verdad. Pero desde que te he conocido, he sentido algo aquí dentro de mí, que me decía que eras tú, que tú eras esa mujer. Y al principio me asustaba, pero no puedo negar lo innegable: te amo, y siempre lo aré. Te amaré hasta la muerte, te lo juro.- al acabar de hablar, levantó la mano y la acercó a la mejilla de ella, rozándola suavemente con los dedos. Al instante ella se sonrojó, y Matt sintió su calidez. Estaban tan cerca el uno del otro, que podía haberla besado, pero retuvo el impulso.
–¿Como se que dices la verdad?- murmuró ella, con voz queda.
-Bueno, a veces, para tener algo que amas, debes sacrificar cosas muy importantes, y yo voy a sacrificar mi amistad con Dani.
-Tengo miedo, musitó ella, mirándole a los ojos.
-No tienes porque tenerlo- le contestó el muchacho.
-Pero tengo miedo a perderte, a que me dejes, porque ya has entrado en mi corazón, y nunca vas a poder salir de él, mi amor por ti perdurará eternamente, aunque te vayas.
-No me voy a ir, a ninguna parte, si no es con tigo.
Los impulsos eléctricos de atracción circulaban a su alrededor, como las abejas en una flor.
Él volvió a besarla, primero suavemente, pero luego, el deseo se apoderó de los dos, bajo la luna, tumbados en la arena de la playa, encontraron el amor verdadero.

17 junio 2010

encajar en el olvido.

En un puzzle, no puedo colocar una pieza en un sitio incorrecto, que no encaje, porque sino destruyo el puzzle, y nada sirve de nada. Ese puzzle, es ahora mi corazón. Sucede lo mismo. Aunque lo intente con todas mis fuerzas, no puedo hacer encajar en mi interior a alguien que no es correspondido. Solo hay una pieza, una gran e insólita pieza, que cabe en el agujero. Pero, ¿y si me han robado esa pieza? Ya no puedo completar el puzzle, y queda para siempre incompleto, y siempre recordaré que falta una pieza, y ésa es la pieza más importante. ¡Que duro es el olvido! Pero más duro es no poder olvidar.


No poder pensar en otra cosa, tener la cabeza sumergida en ello y ver pasar como un cortometraje a cámara lenta, los recuerdos vividos, una y otra, y otra vez. Y hoy, aquí, yo; me pregunto: ¿Habrá remedio para eso? ¿Algún día, en el futuro, algún científico descubrirá una vacuna? No lo creo, pero si creo que la intermitente lucha entre ciencia y sentimiento, acabará. Y sabremos el ganador. ¿Apuestas?

Odio, amor...sentimientos dispares




-Claro, claro que querría odiarte, odiarte con todas mis fuerzas, e incluso a veces, cuando nos peleamos, pienso que te odio, pero vuelvo a mirarte y…-las palabras quedaron en el aire. El muchacho seguía con los ojos fijos en ella, llameantes como el fuego.


-Sé que no puedes odiarme, yo a ti tampoco, pero tampoco puedo permitirme quererte.- Replicó la muchacha, sin poder mirarle. Notó como él se acercaba, taciturnamente. Estaban lo bastante cerca el uno del otro como para que Gaby pudiera sentir su aliento, y el calor de su cuerpo.

-¿Por qué no puedes?- preguntó Adam, con voz queda.

-No lo entiendes…-empezó a decir ella.

-Lo único que entiendo- le cortó él- es que siento por ti algo que nunca antes he sentido, algo desconocido, nuevo, y si los dos sentimos lo mismo…

-Yo no siento nada por ti.- afirmó la muchacha, no muy segura de sus palabras, y sabiendo que cada una de ellas era una sucia blasfemia.

-Mientes.- volvió a musitar Adam, esta vez con tono enojado.

-¿Por qué no me crees?- Adam la miró de arriba abajo, suspiró, y se pasó la mano por sus dorados cabellos. Estaba muy cansado, después de aquel día tan agotador. Gaby era hermosa, aunque ella no lo sabía. Uno de sus rizos negros, le caía por la frente, y con mucho esfuerzo, retuvo el impulso de apartárselo, y colocarlo en su sitio. ¿Qué le estaba pasando? Normalmente tendían a atraerle las chicas, pero no de esa forma. Esto iba mucho más allá de la pura atracción.

-Porque no me estás diciendo la verdad.- dijo él, al fin.

12 junio 2010

Frenesi


Confusión, perdición, abatimiento, desesperación. Explosión. Todo se torna oscuro, sin una luz que apacigüe el dolor. La sangre de la herida interior de tu cuerpo brolla por tu boca, por tu pecho, y por tu nariz. El rojo de la sangre, del fuego, cubre interiormente tu cuerpo, ¿deseo o atracción? ¿O algo aún mayor? Un juguete desgastado y despellejado, unos brazos que lo abrazan y lo besan y un ardor que lo quema. Una pesadilla repleta de crueles seres bañados en sangre, con alas cortas y feroces miradas.


Una tortura interminable que te sube la bilis hasta la garganta. Una visión terrorífica de infatigable rencor sufrido. Un monstruo chupasangre que arranca de cuajo tu cabeza, y durante los siguientes segundos cuando la muerte te esta buscando entre los miles de cadáveres de la morgue, se nutre de tu dulce miel. El desengaño de algo perdido, de algo que ha sido abandonado, se retrae para expulsarte y cumplir su placentera venganza.
El rudo sonido de una guitarra desafinada que marca el silencio en una desnuda habitación, el grito desgarrante de una alma en pena con un cuchillo en mano.
La dura lucha de dos cuerpos infinitamente culpables de pecado. El dulce fruto del sufrimiento naciendo y reencarnándose en amargas palabras. Y sigue la confusión.